No encuentro explicación a lo nos está sucediendo. A veces pienso que la locura rige mi vida. O, a lo mejor, es lo que me hacen creer las personas que me rodean. Contemplo donde tengo que vivir y me horroriza lo que veo, aunque para otros individuos, lo que yo observo, está dentro de la normalidad. Ya no identifico lo que es normal y lo que no lo es. Si es real, o si existen cientos de realidades a mi alrededor.
Siempre hay razones para mirar de diferente manera y percibir lo que nadie ve. Nos enseñaron a ver, pero no a mirar. Porque el mirar exige profundidad y un esfuerzo que invita al análisis, a formular preguntas. Hay personas que pueden mirar desde el instante en el que nacen, no es mi caso. Otros, sin embargo, tienen que buscar esa profundidad en el largo caminar de la vida.
No sé por qué razón siempre he puesto la mirada en los países subdesarrollados. He visto la cara de la pobreza extrema en Perú y Camboya, así como el rostro del hambre y la enfermedad en India. He visto como la población de una decena de países deambula entre las tinieblas del analfabetismo, y nunca tendrán ni patria ni hogar. He visto la falta de igualdad entre géneros y la poca autonomía de la mujer en países como Turquía y Marruecos. He visto la insalubridad materna y la mortalidad infantil en Laos. He visto como el VIH/SIDA, y el paludismo siembra la muerte por todo el sudeste asiático. He visto la desforestación y el expolio de recursos naturales por las transnacionales en Indonesia, además de los perniciosos efectos de la globalización que abandera Europa y EE.UU.
He visto tanto dolor que ya no quiero ver, de hecho no sé ver. Sin embargo, aquellos que sí ven, los que viven en su frívola burbuja de fantasía, parecen saber muy bien lo que les sucede a los que miran. Unos nos llaman “setas”, otros “comeollas”, los hay que se contentan con llamarnos infelices, pesimistas, o simplemente idealistas. La terminología despectiva es más fácil que abrir los ojos y sentir la cobardía del que sólo critica y nada aporta. Es mucho más cómodo dejarse abrigar por la frivolidad de una mayoría, aunque ésta sea irresponsable. Pero todos sabemos en lo más insondable de nuestra alma cuál es la realidad que soslayamos. Lo siento, la vida es más dura a contracorriente, pero “no puedo fingir que nada está ocurriendo”. Aún me debe quedar algo de humanidad.
No creo en Dios, pero sí en unos valores que me caracterizan como ser humano. Valores morales que considero universales, y que no pueden ser sobornados y aniquilados por el sórdido dinero, la ficticia seguridad o el engañoso confort. La felicidad nada tiene que ver con estos conceptos publicitarios.
Me encantaría invitar a mirar a los que sólo ven. A lo mejor levantamos la cara de vergüenza, y se nos ocurren algunas ideas para cambiar nuestra actitud. Porque muchas actitudes propugnarán un cambio que ya llega tarde.
No puedo fingir que el actual modelo de crecimiento económico no proporciona un bienestar generalizado allí donde se produce; al contrario, genera desigualdades y deja al margen a miles de millones de personas.
No puedo fingir que las reglas del comercio internacional son injustas, ya que benefician a los poderosos de los países más ricos en detrimento de los más pobres. Precios por los suelos a costa de la explotación de recursos y personas al otro lado del mundo. Vivimos en una dictadura del dinero donde otros pagan lo que nosotros ahorramos en la búsqueda de un producto barato.
No puedo fingir la fuga de capitales y la evasión de impuestos que practican nuestros gobiernos y empresas, a través de paraísos fiscales, o las condiciones que éstas imponen a los Estados en determinados países del Sur generan unos flujos de capitales inversos (desde el Sur hacia el Norte) a los que debieran producirse para generar desarrollo en los países menos desarrollados.
No puedo fingir que el 80% de la riqueza del planeta se encuentran en manos del 20% de la población. Es decir, de nosotros.
No puedo fingir que los niveles de pobreza, malnutrición, analfabetismo y enfermedad existentes en el mundo son inaceptables desde cualquier punto de vista. Mucha gente no sabe leer, millones de niños mueren por causas prevenibles, carecen de agua potable, letrinas y sistema de saneamiento, sufriendo pobreza extrema. El deterioro del medio ambiente junto con la generación de residuos contaminantes está destruyendo nuestro planeta y empeoran aún más las condiciones de vida en los países más pobres.
No puedo fingir que los políticos corruptos subordinados al capital de las empresas no piensan en el bienestar de su ciudadanía, sino en conseguir el capital y los votos ignorantes que los mantenga en el poder.
No puedo fingir la producción, venta de armamento y gasto militar encubierto bajo un mensaje ecológico y falaz que ni los periódicos se atreven a denunciar.
No puedo fingir que los fertilizantes, pesticidas y transgénicos formen parte de nuestra dieta. No sabemos de dónde provienen los productos que compramos. Ni nos interesa saber el impacto medioambiental de la empresa que comercializa los productos que adquirimos. Tan solo compramos lo que las empresas desean.
No puedo fingir el “Dumping” comercial que se les hace a los países pobres, cuyos profesionales se ven incapacitados para competir. (si no sabes lo que es dumping comercial, infórmate)
No puedo fingir que la deuda externa, auspiciada por los planes de ajuste estructural de los antidemocráticos Fondo Monetario Internacional y Banco mundial, impida el desarrollo de los países pobres. Deuda que nunca fue generada ni por campesinos ni por obreros. (si no sabes cómo operan estos organismos, infórmate)
No puedo fingir la flagrante desinformación y manipulación. Donde la televisión muestra lo que los ricos quieren que veamos para preservar un modelo que funciona para unos pocos. Los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad, y hoy existen para impedir que la verdad se diga.
No puedo fingir cuando observo cómo los perniciosos sistemas educativos capitalistas, instrumentos de control de la juventud que emplean inteligentes mecanismos, apoyan el statu quo actual. Se evitan los temas controvertidos como la concentración de riqueza, el control de los medios, las multinacionales, el daño medioambiental, la religión, etc., etc. Se excluyen los puntos de vista de las minorías étnicas y los países subdesarrollados
No puedo fingir que las decisiones internacionales están condicionadas por los intereses de los países ricos, los cuales buscan legitimidad en entidades que ellos mismos han creado (Las Naciones Unidas, G8, etc.)
No puedo fingir la crisis de valores dentro de una sociedad enferma donde el egoísmo, la competitividad y el culto al éxito están generando enfermedades psíquicas sin parangón y distanciando a las personas. Donde ya no hay tiempo para ser solidarios. Donde todo nos da igual mientras el bolsillo esté lleno. Donde sólo pretendemos adquirir derechos sin aceptar ni una sola responsabilidad.
Podemos mirar, o continuar viendo impasibles. Podemos seguir consumiendo irresponsablemente y construir un entorno pernicioso para el ser humano que sólo favorece a una minoría dirigente. Podemos vivir una vida más acorde con nuestra naturaleza o vivir en un paradigma impuesto para que otros vivan. Existen muchas fórmulas que no enumeraré en este post, y todas empiezan por cambiar la actitud en pequeñas cosas.
Si mucha gente leyera este texto con el corazón abierto, se verían obligados por su alma a cambiar el rumbo de sus vidas hasta un extremo que no están dispuestos a aceptar. Y por esta razón, para justificar su miedo y su ceguera, apartan mis palabras con la condena y el rechazo.
“!yo quiero ser libre!, ¡yo quiero ser feliz! yo quiero disfrutar de todas las cosas bellas del mundo. Pero mi libertad está asegurada solamente cuando los demás a mi alrededor son libres. Yo sólo puedo ser feliz cuando la gente alrededor mío es feliz. Yo sólo puedo estar alegre cuando la gente que veo y conozco ven el mundo con ojos llenos de alegría; y solo entonces puedo llenar mi copa de pura felicidad cuando estoy seguro en el conocimiento de que los demás, también, pueden llenar su copa igual que yo. Y por esta razón, es una cuestión de mi propia satisfacción, sólo de mi propio yo, cuando me sublevo contra todo peligro que amenaza mi libertad y mi felicidad..." [anónimo]
Raymon
Raymon en su máxima esencia!!
ResponderSuprimirQué gustazo!