martes 27 de abril de 2010

Inercia

Raymon.

Me levanto a las seis de la mañana para tomar un bus colmado de aparentes individuos que van a trabajar. Tenemos de todo, pero nuestras caras reflejan insatisfacción y amargura. El conductor ha llegado tarde debido al tráfico, y tiene que recuperar la frecuencia del horario. El vehículo gira con brusquedad en cada glorieta. Me empleo a fondo, pero me cuesta trabajo aferrarme al agarre que recorre el pasillo. Experimento la sensación de ir en un camión de transporte de ganado. A los veinte minutos cambio de medio de transporte, descendiendo a las profundidades de la tierra. Dedico un par de minutos con la esperanza de vislumbrar una sonrisa a lo largo del vagón, pero no tengo éxito en mi cometido. Taciturno y cabizbajo mi mirada se sumerge entre las páginas de un libro. Me pregunto por qué nos empeñamos en vivir a través de los personajes de una novela, una película, o una revista. Siempre he deseado vivir aventuras, acción, riesgo, pasiones, y cumplir algún que otro sueño. Sin embargo, no sé qué extraña fuerza no me lo permite; siento que vivo en una jaula que yo mismo he construido y de la que no puedo salir porque tiré la llave. Lo extraño es que defiendo con obstinación vivir en ella.

Llego a mi lugar de trabajo. Las puertas del metro se abren como el silbato de salida de una carrera. Una multitud desalentada atrapada por un absurdo estilo de vida colma el andén hasta las escaleras que conducen a la oficina. No se escucha ni un susurro, la gente no habla. Sólo puedo oír un monótono pisar, como el vago desfile de un ejército que se dirige a una batalla perdida. Las hordas enajenadas llegan al umbral de sus edificios, haciendo un terrible esfuerzo por emitir un “buenos días”. El estridente sonido de la máquina de café me recibe como cada mañana. Se acabó la luz natural. El interlocutor que tendré las próximas 8 horas me saluda: “Windows se está iniciando”.

Hoy aprenderé muchas cosas interesantes en la hora del café y en la sobremesa. Parece ser que llega una nueva temporada de la serie “Perdidos”. Nuevos episodios de “House” conmocionan a la audiencia. PlayStation establece un nuevo record de ventas. Se murió un tal Miguel Delibes. La lesión de Ronaldo puede que sea muy grave. Media Markt tiene una oferta en televisores y cámaras irrechazable. Europa interviene en la investigación espacial con una inversión multimillonaria. Los científicos anuncian que el hombre no es responsable del cambio climático, pero un grupo de investigadores suecos lo desmienten. Zapatero acusa a Rajoy de desleal, y Rajoy insulta a Zapatero. El aborto es terrible, y los toros son cultura. Los terremotos y las inundaciones se suceden a lo ancho y largo del globo. Como en España no se vive en ningún sitio. La gente se muere de hambre porque sus dirigentes son corruptos. Alguien va a enseñarme cómo estafar a mi seguro y cómo sacarle un móvil nuevo a telefónica.

Han pasado cinco días, es sábado. Me voy de compras. Aprovecharé para comer en el centro comercial y hacer tiempo hasta la hora del partido. Los seis cubalibres del sábado me dejarán dormitando en el sillón el resto del domingo.

Atrapado en el tiempo del éxito, del consumo, y del sin sentido. Es lunes… me levanto a las seis de la mañana…

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