martes 27 de abril de 2010

¿Demasiados Free Rider?

Raymon.

Un Free Rider es una persona que recibe un beneficio por utilizar un bien o un servicio pero evita pagar por él. Los Free Rider se ven beneficiados por las acciones de los demás, sin ellos mismos cargar con el coste de esas acciones. Es decir, este fenómeno viene a reflejar aquellas personas que por lo general siempre tratan de maximizar su beneficio a costa de los demás e incluso a costa de lo que podríamos denominar el bien común. Asimismo, conlleva en la gran mayoría la inherente actitud de criticar aquello de lo que se está beneficiando.

En economía pública un free Rider es aquel individuo que, por ejemplo, tiene interés en beneficiarse de un bien público, como el alumbrado, internet, la prestación social, la evasión impositiva, etc., pero no está dispuesto a pagar por él. Y cómo consigue el Free Rider lograr su objetivos, pues buscando la aceptación y colaboración de otros pares grupales que propicien la buena reputación de su despreciable postura. Así que no tiene mucha relevancia que te aproveches a la red de internet del vecino, cobres el paro cuando no lo necesitas, o no apoyes causas solidarias vitales, ya que un grupo Free Rider salvaguarda tu reputación.

En los años 80 aparece la teoría de la acción racional. Basada en la "teoría económica de la democracia" de Dawns y en la "lógica de la acción colectiva" de Mancur Olson. Esta teoría intenta explicar cómo las personas buscan maximizar los beneficios y minimizar los costos de sus acciones; cada cual persigue su propio interés y sólo elige cooperar con otro en la medida en que esto lo beneficie: el interés general deja de existir.

En nuestro país, desde que un número muy considerable de españoles comenzó a pensar y actuar como Free Rider, España dejó de evolucionar como una sociedad competente. El apoyo a nuestros falaces gobiernos se intercambia por obtener una ventaja o eludir una desventaja. No es importante que su política soslaye los flagrantes problemas en educación, salud, trabajo, igualdad y solidaridad. Votamos para preservar nuestro absurdo estatus sin pensar en la ausencia de un proyecto común de sociedad que degrada las condiciones de vida de una mayoría.

La fracturación social es una realidad, el mensaje es claro: “sálvese quien pueda”. Seres humanos que deambulan por la ciudad fomentando acciones en su propio beneficio. No hay consenso y colaboración por manifestarnos por las verdaderas lacras que nos aíslan y nos sumergen en la indiferencia. Vivimos un estilo de vida pernicioso que aboga por un capitalismo que solo es posible convirtiendo absolutamente todo en mercancía. Y las personas no somos productos.

Es necesario un cambio de actitud en oposición a un egoísmo que acabará destruyéndonos. No podemos formar parte del problema, porque no invertiremos en el futuro saludable que, por derecho, deberíamos dejar a nuestros hijos.

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