Raymon:
Mucha gente viaja en estos días. Y a muchos de ellos se los podría señalar como viajeros. Aunque después de algún que otro viaje, me tomo la licencia de expresar, que sólo he llegado a conocer a un verdadero viajero. Lo conocí en Bali y estaba trabajando para Lonely Planet. Es decir, su labor consistía en evaluar alojamientos, restaurantes, rutas y todos los lugares de interés vinculados a un trotamundos. Lo que precisamente estaba haciendo este individuo era descubrir y experimentar un país para alcanzar una opinión imparcial con el objetivo de plasmar toda la información en las guías de viaje de la compañía que sufragaba sus gastos, es decir, Lonely Planet. La ventaja de este viajero radicaba en que tenía tiempo y dinero, además de una férrea predisposición para no dejar huella en su discurrir.
Hoy en día tenemos dinero y carecemos de tiempo. Esta circunstancia propicia que incurramos en un modelo erróneo que alguien obstinadamente ha conseguido llamar viajar. Por esta razón, cuando viajamos, por ejemplo al sudeste asiático, y debido a la carestía de tiempo, consumimos los alojamientos, restaurantes y lugares de interés que propone la guía de viaje. Lugares y consejos que siguen con contumacia miles de “nuevos viajeros”. No es muy difícil imaginar que todos los “nuevos viajeros” frecuentan y se encuentran en los mismos rincones. Lugares que, por desgracia, llegan a adoptar precipitadamente el decadente modelo occidental. Así que no será muy complicado ver los partidos de la champions league, encontrar pizzas, hamburguesas, nuestras bebidas y postres preferidos, un buen colchón donde acomodar la espalda en un bungaló con aire acondicionado, y toda clase de servicios que por nuestra falta de respeto hacia la autenticidad de los países que visitamos importamos inicuamente.
A eso hoy en día se le llama viajar. A exigir a los locales que hablen perfecto inglés para que puedan acceder a nuestras peticiones raudos y veloces. A imponer nuestro criterio y nuestras apetencias en lo que se refiere al alojamiento, comida y transporte. En la memoria quedaron aquellos tiempos donde se hacía un considerable esfuerzo por chapurrear camboyano, tailandés o malayo. Por adaptarte a las condiciones más precarias y los gustos gastronómicos de los pueblos que visitábamos para conocer de cerca otras culturas y aprender de su forma de vida. Era una manera de comprender sus virtudes y sus carencias. Circunstancia imprescindible para, si llegara el caso, poder ayudarlos.
Me embarga la tristeza al observar impotente cómo hemos globalizado nuestro modelo de confort y seguridad a los lugares más remotos del mundo, perdiendo precisamente el objetivo por el que se viaja: experimentar y conocer la idiosincrasia primigenia de las naciones. Sin embargo, observo con cierto estupor que este suceso no genere preocupación alguna. Quiero pensar que la mayoría de los individuos no viajan para experimentar y conocer, sino para adquirir aquello que consumimos en los países occidentales a un precio irrisorio. Eso sí, hacerlo en un país que no es el propio es emocionante, incluso exótico.
Alguien nos contó que "Viajar" es el modelo implantado en estos días. No es de extrañar que este patrón haya conseguido salir adelante; no olvidemos que ya ha ocurrido otras veces. También nos contaron que el “paradigma de la felicidad” es permanecer dos horas diarias en un atasco, desempeñar un trabajo que no te realiza durante 40 años, con una hipoteca de otros 40, con familia, monovolumen, perro, y un par de inseparables colegas llamados inercia y resignación que gobiernan tu vida.
se ha convertido en un habito llegar al curro y leer tu blog, la verdad es que estoy totalmente de acuerdo en tus reflexiones, animo y fuerza en las pedaladas¡¡¡.
ResponderSuprimirPues yo no estoy de acuerdo...a mi no me enseñaron a vivir en la inercia, y mucho menos a dejar que la resignacion gobiene mi vida...gracias a Dios no, esa no es mi ezperiencia...Pero si que veo a mi alreadedor pocos ejemplos de lucha por ideales, de esos que hacen soñar por un mundo mejor...como el tuyo
ResponderSuprimirAmen¡¡¡
ResponderSuprimirHola chicos!
ResponderSuprimirSoy Mila, la compañera de trabajo de Elena. Os he de dar la enhorabuena por el proyecto, porque es francamente es maravilloso! Os deseo mucha suerte y espero que podais llevar a cabo todos los proyectos que llevais en la mochila.
Sólo pediros un favor, cuidarme a Elena, sobre todo tú Raymon. Es mi niña pequeña y la adoro!!! Se que os lo vais a pasar genial y ella va con unas ganas tremendas de hacer el viaje. Haz que sea una de las mejores experiencias de su vida, porque se lo merece!!!!
Un beso fuerte para todos.
Mila
NO PUEDO ESTAR MÁS EN CONSONANCIA CON TU COMENTARIO. MUY AGUDO, POR CIERTO.
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